jueves, 27 de septiembre de 2007

El mundo al revés



Hace poco estaba recordándolo.
Sucedió en el hospital, era 2 de octubre, o 3, ó 4.
Mis signos vitales apenas comenzaban a esclarecer sus rutas, sus ritmos, sus coincidencias. Los cuartos de hospital son sitios inhabitables, opacos, tenebrosos. Por las noches todo palpita. En aquellas todas las formas sucumbían caprichosamente a otras formas: se trataba del mundo al revés. En los utencilios necesarios, como el pato, ese recipiente insustituible en tiempos de frío, al momento de desechar los líquidos, es decir, todo el tiempo porque de líquidos sobrevives conectad a una sonda de suero, ahí, en esos utencilios cuyas marcas labradas por el tiempo toman formas diversas. Sólo basta mirar para encontrar dentro de una mancha negra, informe, grotesca, la más sorprendente fauna, los animales que en perfecta armonía se van apareciendo ante tus ojos.
Vi a Cristo.
Claro que lo vi.
Fue una o dos o varias noches en las que cada gota de suero que traspasaba cierta área de la manguerilla se aparecia ante mí, que no quitaba la vista de ese único sonido nocturno, con la cara del Señor Jesús. Él me visitó muchas veces, tantas como gotas podían caer la noche entera.
Pero al paso de los días esas gotas no contenían sino imágenes diversas, de hombres, de mujeres, de aquí, de China, negros y blancos, con barba e imberbes, con lentes o sin ellos.
Estaban ahí, dentro de esas pequeñas gotas, sus rostros atrapados en lo efímero de un segundo.
Y yo los veía, los sentía. Palpitaba con ellos.
Por la ventana de mi cuarto aparecían ejércitos de soldados tenaces, que pasaban hasta el alba en ejercicios tácticos de escalada.
Todo eso veía, desde la cama 129 del Hospital de la Raza.
Todo eso.
No lo olvido, la noche, completa, una y otra, no eran sino una invitación a la fantasía, a la sorpresa. Era sentirse vivo, asirse de cualquier modo a la vida.
Estaba regresando de no sé donde, mi viaje de ida me llevaría hasta los 47 kilos de peso, 18 menos que mes y medio antes, y se aparecía ante mí un mundo sorprendente. El mundo al revés, el pueblo, alrededor de los contornos, que vive al otro lado de mi mente.
En esos días les visité.
Regresaba.
 
 
Copyright © Palabras al portador
Blogger Theme by BloggerThemes